Los gozos y la sombra

     15747411_1312333165484167_5428294770670781539_nEl parto se viene encima de nuestras conciencias, apuremos la buena suerte ante el advenimiento de la virtud. Que nadie note la desesperación por la falta de medios, aquéllos que nos birlaron del maletero, y los que perdimos en la huida por el robo en el colmado. Gran Canaria, doce de Agosto, humedad y química vertidas en arena negra. Recuerdo de unos dedos entrelazados y una luna gigante sobre unos cuerpos magnéticos. Los cuatro jinetes del apocalipsis, padres al fin, pusieron precio a nuestras cabezas huecas, tiñeron de gris las posibilidades, argumentaron en contra y voltearon los sentimientos hasta hacernos perder el norte, y obviamente el tiempo. Dos contracciones sin hambre mientras cepillamos el pelo del contrario. Te conozco de pocas discotecas y cien sueños; dirían los impertinentes que corté tus alas, muéstrales que aún sabes flotar en círculos viciosos. Cuánto más sufres la espera, más hermosa te posas en mis párpados. Aún pregunto si conoces mi torpeza para sobrevivir, y si al adivinarla planeas levantar el vuelo con el fruto de los besos. Sospecho que ya tiene nombre la huida, ¡qué pocos víveres he guardado para las visitas!… Te gozaría en cada pausa del sufrimiento, y engendraría cada vez mejor, te lo aseguro, soy constante y competitivo. Se supone que debo ser yo quien alivie los picos de dolor y sin embargo tú tapas mi boca dulcemente con dátiles y cigarrillos. Nos queda la tarea de nombrar tutor, ciudad y corriente filosófica a enjuiciar, no obstante tan preocupado me hallo que casi no te amo, te miro se soslayo y me concentro en tus pechos, allí donde supe que merecía la pena acometer riesgos, y escarbar para plantar causas nobles. Tu vientre me exige celo, ahora que dudo de todo, hasta de la hora en que descubrí tu estampa. Confesar y romper las normas del respeto a uno mismo, renunciar a calibrar su peso apenas abra los ojos, dar cuerpo al canalla que he llevado dentro durante nueve meses… Comienza el expulsivo y en su culmen quedarán cercenados los excesos, en los que dejé huella muy a mi pesar: Las borracheras, orgasmos imposibles, timos a viejos, la pedida de limosna, el amor eterno.

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La dedicatoria sin amor

     ¿Qué cruel misterio envuelve a esta dedicatoria?. Todo aquel que escudriña sus signos, equivoca el mensaje; lo reciben turbio, apocalíptico y maniatado, tan ajeno a la fuente como próximo al olvido. Tres librerías de viejo acunaron el ejemplar con un trato que rayaba en desapego, y cuando en una maniobra casi enemiga fue apilado cual desahuciado, me dejé caer afortunada en una de aquellas tardes sin rumbo. Perdí a mi mascota meses atrás, por lo que buscaba una pertenencia a la deriva, un milagro encapsulado o una coordenada que me permitiera participar en el juego. En ese entonces entrelazaba mi mano con la de un calvo cinco dedos más bajo que yo. Para compensar, el elegido solía exagerar mis fallos, mientras intentaba ganar terreno físico en cada uno de los regresos, pues ante mis acometidas argumentales era costumbre enarbolar un orgullo que le nació retorcido, y marchaba por plazos cada vez más largos fuera de mi vista. Fue minando mi paciencia hasta que una noche de mente preclara, calculé el momento justo del derrame del vaso. Agarré la muy toqueteada mano de aquel señor que besaba a sorbos, y con gusto por el melodrama planteé la imposibilidad de respirar a su lado. Curiosamente atendió a razones mientras echaba de menos algo que mesar, y me aseguró que jamás sería feliz. Me abalancé sobre el pastillero y lo introduje en su bolsillo, la botella de coñac junto al abrigo, la caja de preservativos se deslizó con su inherente suavidad dentro del neceser, y aún hubo tiempo para subastar la colección de vinilos y manipular conciencias.

     14224896_1187816177948223_7318599668667312151_nEl muy canalla entretuvo mi atención en dos cuestiones, que más tarde declaré impropias de mi inteligencia; reconozco que sólo así pudo tomar el ejemplar, pues desde que fue adquirido apenas quise mostrarlo abiertamente ante sus ojos. Todo aquello que yo adoraba pasaba a ser presa fácil del resquemor, y sus actos presagiaban el ultraje sobre el disfrute que me proporcionaba su lectura. Debo agradecer sin embargo, que se tomara el esfuerzo de no cometer faltas y además redondeara la letra, tal y como yo siempre le aconsejé.

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Los vinilos serán tu perdición

     Todos los consejos caen en saco roto hasta que un día te los dan a probar, envueltos en un coágulo de sangre. Entonces cobran sentido las deudas de juego y los abortos clandestinos. Hay prisa por localizar aliados y hacerse el muerto unos minutos, aún a riesgo de que te capturen en una redada. Telefoneas a tus padres y contesta el flamante comprador de su casa con parcela y escarabajo de segunda mano. Te haces el sueco y preguntas por aquellos vinilos empotrados entre dos baldas, obsequio del señor de gris que sostiene a una niña, mientras da la mano al hijo bastardo, (foto en marco verde musgo y algo de dorado). El propietario juguetea al otro lado del aparato con dos revistas pornográficas encontradas tras el mueble bar. Respuestas cortas, un hilo de voz y una curiosa insinuación a media tarde. En cualquier otro momento del año olvidarías ese baboseo, lo apuntarías como anécdota en un pedazo de sobre y despedirías al concursante sin aciertos; sin embargo hace diez minutos que agarraste un arma blanca, la más especial de tu colección, y recitas de memoria el maldito orden en que dejaste los vinilos aparcados, mientras fundes cien neuronas de luz en un derrape.

     1544606_1438818579778863_6970739238235440301_nVentajas de vivir en una propiedad por treinta años: Conoces el punto débil de la cerradura y el olor a desagüe que el baño de arriba produce los martes. Tu vida pasa por ser una cloaca en la que te ahogarás tarde o temprano, justo al descubrir el cambio de puerta y por consiguiente, la no existencia de invitación para pasar un rato bajo el muérdago. Mas no es Navidad y no hay restos verdes colgando sobre las cabezas; existen muy pocos vestigios de piedad que suturen las heridas, y tus padres jamás te llevaron a la nieve. Del grupo de discos sólo uno merece la pena, tarareas mal y rápido, e incluso deslizas un paso de baile bajo esa apariencia canalla. Se hace tarde para ajusticiar al entrometido, o quizás aquí el tiempo corre siempre en contra. A través de la ventana de la cocina puedes ver tres herramientas de carnicero esparcidas por el suelo, un rollo de cinta aislante y un perro degollado. Cuando por fin puedes tragar tu grito desbocado, alguien más alto y loco que tú, te golpea en la nuca mientras continúa la canción por donde la habías dejado. Justo antes de perder el sentido, crees reconocer a una vecina, buena chica en sus comienzos, algo extraviada en la madurez. Parece que en las últimas horas el psicópata que compró tu hogar, ha descuidado a la prisionera y se ha cobrado una nueva víctima. Meg se tambalea desnuda y narcotizada sobre el pobre animal; desgraciadamente sólo acierta a pedir agua.

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Darwin no se equivocó

     Pon atención a ese león asediado por el tigre. Apenas se han visto un par de veces en la selva, han girado sus cabezas y murmurado algo insulso el uno sobre el otro. Reconocen las mismas ramas muertas, estanques profanados, las vísceras aún calientes del más débil en la clasificación darwiniana… Algunos amigos y espacios comunes donde holgazanear por horas les califican de afines, mas no pierdas de vista la antipatía que destilan sus ojos, la agudeza con la que buscan o esquivan el conflicto según el estado conquistado. Han de rozar la perfección para concluir el combate y  demostrar así supremacía, pues de ello dependerá la perpetuación de su fama, dentro y fuera de la manada. Cierra los ojos y lleva mi mano a tu centro, aunque sé desde el origen del gesto que encontraré hematomas con colores plagados de tormenta. Cientos de horas de espera bajo estos miedos propios de gusanos sin escrúpulos, y no ocurre nada, pues los animales intuyen que el problema que nos abraza, es directamente proporcional a nuestra perplejidad. Si no existe la reencarnación he de luchar por ella ante los estafados, cuidadores de ancianos, payasos, comerciales en apuros, criaturas que no conocen la verticalidad del orgullo, ya que hemos avanzado escogiendo un vaivén erróneo. Apuesto por el tigre y su descaro.

    Acabo de enviar mi ilusión a las Cataratas del Niágara para dejar de pastar sobre los restos del incendio. Quedas ya relegado de la carga de amarme. Con los sentidos prestos seguimos temblando sobre las trampas más sutiles que jamás soñé. Descubre a los miembros de la tribu cuando bajan la vista en señal de respeto, y ofrendan algo preciado a la fiera que alimentan con un presente, quizás carnal en el peor de los casos. Si alguno falleciera en la tarea, habrá sido completado nuevamente el ciclo y tú y yo sobraremos en las exequias, pues traemos un aliento que asusta a las aves y desagrada a los dioses. Si no admiras mi palabra al menos endereza la tuya cuando mientas. Ahora simplemente, créeme.

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Extramuros

      Tengo rumores nuevos para realizar transfusiones y colorear las mejillas de los que humillan con fruición. En aquellos me dejo la piel mientras rompo los esquemas de los aburridos; es tan gratificante fracturar cuellos al volteo, que pronto devendrá en profesión remunerada, y podré dar clases, repartir diplomas o erigirme en modelo de conducta para hijos desaprovechados por sus padres. Mi madre era altanera y quebró tres espejos sobre mi vanidad. Me nombró con la osadía del  que cree ofender, para un minuto después recibir la bofetada del portazo. Esa noche dormí sola y trastornada, se me clavaban los picos del frío en los costados, y en venganza conté todo a una pandilla de desheredados. Escuché campanas cercanas y soñé que tocaban a muerta, no por mí que aún latía por costumbre, sino por ella, pues sé de buena tinta que todavía me busca entre ladrones y rameras. A estas horas he encargado un ataúd forrado de larvas hacendosas, corto de tronco y extenso en sinónimos de su palabra favorita: Liviana.

      La infancia calcinada en mi memoria tizna la madurez de un tono viejo, ocre fuera de moda, gris salvaje para el creyente. Si han de inventar algo obsceno, que sea contigo en el camastro, o en la cima que nos despeñará tarde o temprano. Si ha de valer la pena fabricar lodo con el llanto, saca las garras y cava, que yo soy polvo y atraigo lo semejante hasta el hartazgo.

     25734092_1363804927079861_2813811918648900013_oMe volví zíngara en diez lunas; bailaba más que comía, robaba besos sin cortedad y vendía mi virtud remendada por manos sabias. Al tercer alumbramiento eché de menos su olor de vieja beata, y me acerqué más de la cuenta a los muros del convento, por buscar a la madre en el calor postizo de una santa. Hube de entender que pedían mi exorcismo en vivo, ante su Dios y mis hijos. Algo murió en las entrañas frente a la corrupción del ser.

 

 

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Doce apóstoles

     “Judas. Mi nombre es Judas Smith y ella es Magdalena. Somos autoestopistas con ingresos irregulares, enfundados en unos increíbles jeans que defendemos con la vida. Así pues aparta esa mirada de babosa, y libera espacio en el asiento de atrás. Olvida el espejo retrovisor, nada te interesa más que llevarnos lejos en tiempo record. Escoger pardillos al azar es un deporte poco practicado y sin duda justo eso nos da ventaja, pues la competencia prefiere buscar setas o ganar carreras de sacos. Sonríe, conduce, e imagina de qué tamaño es la fosa que te espera si te detienes demasiado pronto. Mi chica se lo hace con todos, pero tú no eres todos, así que cierra la boca y reza algo bonito”.

     “Clide. Mi nombre es Clide Bristol y acabo de cumplir condena después de trece insulsos años, por apalear a unos maricones y excederme en la propina. Vosotros, sí pareja, no escucháis porque simplemente vomito ideas desde un córtex maniatado; regalo información que sería de gran utilidad si os hubiesen leído la Biblia mientras el cerebro maduraba, puesto al sol de un patio sin sombras ni ángeles. No os amo, ni soporto el calor de vuestro aliento cuando llega a mi nuca. Sois futuros delincuentes en cuarentena, espero tanto de vuestra virtud como de la mía y pienso cuidaros por turnos hasta ver quién acusa a quién con la promesa de una liberación inesperada… Mas os prefiero tatuados en la espalda de alguien que os llorará con avaricia. Ella, tu esclava, me recuerda a una muchacha violada por borrachos en una obra de la escuela flamenca. Tú, eres el vivo retrato de un traidor y lo pagarás. Pondré todo mi esfuerzo para forjar tu leyenda. Me excita saber que esta noche haremos historia, sin embargo no voy a volver allí, no, buscaré una túnica y acólitos que me den la razón. Necesitaré doce de éstos y una mujer que conozca el camino al nirvana. Soy un tipo tozudo, y acabo de recordar lo monstruoso que resulté para mi compañero de celda. Después de aquello jamás tuve un palo cerca”.

     Las previsiones meteorológicas son terribles. La nieve atemoriza a estas horas a los que no padecen11951117_1685148875050669_1791970073656738963_n de gota, ni deben al fisco. El menú carcelario ha sufrido una considerable mejora en los últimos meses y la nueva remesa de escobas es de gran calidad. El limpiaparabrisas no da abasto.

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Alianzas

FB_IMG_1428355848929La amazona sostiene el trofeo mientras calcula la duración del luto por la muerte del esposo. Ésta fue encargada bajo garantía de resultado. En ninguno de los rostros de sus admiradores se masca la tragedia y la algarabía retrasada es una señal; además el  muchacho de las caballerizas parece un ser esquivo acodado en la valla, un golfo reconvertido, un cazador de fortunas con memoria. La mira como si compartieran un motivo secreto, hasta parpadean al unísono… Lo tienen, se trata de un as bajo la manga.

      En la conversación mantenida con un religioso costarricense dos meses atrás, sufrió lapsus de arrepentimiento inoportunos a todas luces. Debió frotar las manos bruscamente al entregar su donativo y extravió la alianza de casada; le quedó grande en la primera puesta y era de esperar el arreglo de la joya, mas el interés por ello se diluyó en pesquisas y averiguaciones sobre artistas extranjeros, que introdujeran exotismo en el detalle. Ardua tarea la de convencer a un tozudo de la sensatez del orfebre, cuando éste pedía tiempo y expectativas reales sobre el trabajo especificado. No se trataba sólo de achicar la talla sino de distinguir la joya de la multitud de anillos que ella despreciaba en las comparativas. Se retiró el encargo de forma muy poco ortodoxa, sin posterior rectificación ni vuelta a las conversaciones. El monstruo despertó de una docilidad mal entendida; para su desgracia y la del séquito que solía beber de sus fuentes, la costumbre de hacer enemigos no le pareció tediosa sino un perfecto circuito donde probar la audacia de cada uno de los retos. Dispusieron vigilancia en las cuadras y contrataron personal de confianza para los traslados de los animales, pues una vez magnificada la fama de dictador, el ataque a lo más querido parecía inminente. Fueron amigos los primeros en notar las consecuencias en el trato y se apartaron. Más tarde artistas, confesores, profesores de equitación y su propio hermano palidecieron ante ciertas amenazas y cruzaron la frontera. La tolerancia al dolor era baja por aquellos lares y los verdugos lo sabían.

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Ojos de gacela

      12200640_1022848437765273_659346024_nAngie tiene nombre de canción aunque reniega del concepto, y suele dirigir las conversaciones hacia terrenos pantanosos. Todos observan esas enormes tetas mientras ella naufraga en gris, engullida por sus ojos de gacela. Difícil recordar cierta nota de complicidad en los múltiples intercambios sucedidos hasta la fecha. Sexo por tiempo, por ternura, por una caja de lápices de gran calidad, por la factura médica, por la escalada de homicidios en el vecindario, por no estar segura de lo contrario… Atrae a perdedores novatos que compensan la estulticia con miembros gigantescos, cuando aburridos fornican en la cadena de montaje. Poco que contar al día siguiente, salvo el fajo de billetes y nuevos picores sin etiquetar. Algunos deslizan en sus ingles eslóganes de domingo, revistas con salmos y direcciones de casas de acogida. Bienaventurados los reincidentes con buen gusto, aquéllos que jamás confunden el nombre de la esposa cuando aman, ésos que adoptarían posturas muy ridículas si no fuera por la lesión de cadera. Angie finaliza sus sesiones con un baile, siempre vestida y perfumada, completando los huecos que el sadismo horada cada vez con más profundidad sobre sus muslos. Sin limosnas, tan sólo ante las babas caídas, recoge su pelo, sus sábanas, y dispone la sonrisa en bandeja. Transcurre el tiempo que sanciona con premura y oculta las sorpresas, a ella que nació un año bisiesto, con un tartamudo como padre y una madre avezada en la labor de celestinear. Si alguien trocó su destino en una noche de brujas, que solicite clemencia ante Satanás o acuda al lecho con flores blancas y su canción.

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Nardo, vetiver y nuez moscada

     Tres días de ceguera y la angustia inoculada en la vena del paciente, el saldo de doce meses dedicados a mi proyecto sin sacar al irresponsable del armario, sin saquear el corazón de alguna crédula en plena crisis existencial…

     “La subvención llegó a tiempo, se informó a la Junta de dirección y el expediente quedó archivado; Clara tomó el vuelo a Bruselas y debe comunicarse contigo para que des el visto bueno al siguiente paso. Volveré mañana a primera hora y traeré al perro. A tu izquierda el teléfono con la rellamada para tu hermana. A la derecha, el mando a distancia y el canal ya seleccionado. De nada…”. Gloria es dominicana, especialista en finanzas y experta submarinista. Me llamo Pierre, francés afincado en Madrid, licenciado con honores en Ciencias Políticas y ocasional reportero de guerra cuando las circunstancias me obligan a ello. “No tener opciones es alucinante, quizás sean mis últimas palabras antes de arrojarme dentro de la taza del inodoro, ¿no te parezco de un infantil irresistible?”. Mientras nos desternillamos, paso el brazo alrededor de su cintura y la arrastro hacia este inútil en que me han convertido. Tan sólo necesito memorizar su perfume para que intuya que deseo fervientemente disculparme. Sé con certeza que aprecia este gesto, al igual que el centenar de féminas que frecuenté como un obseso en bares y aulas. Mas casi a la desesperada, consigue salvarme del ridículo mientras la recreo en mi mente y moldeo su comportamiento en sueños, pues retoma la cordura en su punto de concreción y la entrega en perfecto estado. Todas las becarias llegaron para marchar. Una tras otra cegaron al personal para disolverse en habladurías y motes. Ella incendió el despacho con destellos azabaches y tuvimos bajas por largo tiempo. Conocimos el milagro de la resurrección; cuando su estancia perdió pie en nuestro océano, inventé labores e incentivos, atraje envidias, coseché venganzas, fabulé con su amor, y como suele ocurrir en lances mal planteados, erré. “Nardo, vetiver y nuez moscada. No dejes de venir, no temas despertarme, y si tardara en contestar rompe mis tímpanos.”how-keep-wearing-pieces-spring-222931-1493763322437-main.640x0c

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Secuestrada

Nunca describiré acertadamente el color de tu pelo; es de una textura tan agradable como un día sin escuela expuesto al salvajismo. Lo rocé hace una semana cuando tropecé contigo en aquel callejón sin luna. Sentiste pánico, tuviste razón, elucubré algo horrendo mientras registraba su seda en mi mente. A veces en la punta de la lengua tengo la respuesta a las cuestiones que lanzas en tu perfil, y la apuntalo de la mejor forma que sé: Camino despacio sin corresponder a saludos, comienzo a tolerar la información subliminal, protejo los secretos con cinta aislante, aunque en último extremo siempre recurro a escuchar tu voz al otro lado de la línea telefónica, y saborear el terror que te provoco. He calculado la fuerza que utilizaré para someterte. Pretendo conseguirlo en apenas cinco minutos si colaboras, reina de mi vida, pero puede que precise treinta, y entonces algo se romperá entre nosotros. Soy un buen sádico, disculpa el atrevimiento pero no debes provocarme a partir de ciertas horas. No es mi culpa dirigir el telescopio hacia tu ventana; soy libre para admirar cien mil cuerpos cuya propiedad, en extrañas circunstancias alcanzaré algún día. Todas rompen a llorar cuando estoy desnudo o me remango, son tan impresionables como sus padres al recibir la noticia. Leo libros sobre las zonas erógenas más visitadas, mas sólo puedo pensar en una que el resto del universo desconoce; te la diré el quinto día de cautiverio, cuando te conmuevan los versículos que dejaré cerca de tus grilletes. No llegarás a la cuarta semana sin echar de menos algo imprescindible, te dolerá su falta, aullarás y pedirás la ejecución. Tengo grabaciones inéditas que quebrarán tu voz por varios meses y descuida, en la nuestra serás la protagonista. Te enseñaré a estar muerta en vida y aún así, serás deseable para los enfermos mentales de medio mundo. La otra mitad simplemente me idolatrará.23795551_1511559395548241_5069168054758616074_n

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