Benjamin

     Escucha, Karen, ya es Noviembre y mandas a los niños casi desnudos al patio de atrás. Los servicios sociales volverán a llamar en breve y las excusas son frágiles, se deshacen en las comisuras antes de que las pueda expulsar. No apuesto por nada bueno en un cuarto de hora y tampoco en dos meses de rehabilitación. Me preocupa la hostilidad del tendero cuando rebusco algo valioso mirando al vacío. Percibo nubes negras sobre nuestra aura. Ríete, sí, agarra al perro y arrójalo fuera con premeditación, luego emancípate de nuestras vidas por varias semanas y caza una neumonía. Llevas algo colgando del pelo, viscoso y enredado. Dame las tijeras y gira la cabeza, no soporto verte llorar tan temprano.

     Karen, ya es Navidad y nadie llamó por teléfono para enterrar el hacha de guerra. Tiene buen aspecto la cicatriz. Te cruza la cara de este a oeste y te da un punto interesante para cualquiera que no aprecie en exceso la juventud incorrupta. Han atrapado a un asesino en serie cerca de tu pueblo. Dios, te salvé la vida y aún así jamás arreglas la mesa con velas y cintas o me regalas un masaje de pies. Esta noche no dormirás desnuda en el cemento cubierto por esa estera. No permitiré que te vuelvas loca en el próximo abrazo. Es hora de retomar el sexo mas no ha de ser conmigo, no ha suponer una recaída, echaremos mano de la agenda y algo curioso y divertido amenizará las veladas. Un tipo comprensivo y sociable, eso dices cuando te complazco… No más hijos, Karen, no más individuos que criticar. Nadie como tú para rechazar el verdadero amor desde el lazo de la sangre. En los huecos te acurrucas en una hibernación mental que da pánico. No dejo de soñar con las mañanas en que enviabas tan fríos a aquellos niños al mundo tapiado y brotaban lágrimas tan sólo en mis ojos. Está pasando el camión de la basura y el conductor hace tiempo puso intención en su12391379_1512240895772376_12141365133415200_n mirada; lo noto por la delicada forma en que trata nuestro contenedor. Mañana lo sacaré yo mismo y dejaré claro que no valgo para nada.

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Manos por palomas

    Tienes una ardua tarea por delante, querido amante de lo sutil. Abre tu diario por la página cuarenta y tres. No preguntes obviedades a una desaparecida; pasarás tanta vergüenza ante mi respuesta que atrancarás la puerta con un madero, hasta que dejen de sangrar las imágenes del dormitorio. Conozco la clave para dirigir tu monólogo al punto de ebullición y así romper la caja de cristal. Pusilánime y enfermizo, palabras grabadas a fuego sobre tu mente calenturienta. ¿Qué podían conseguir mis manos salvo tu veneración eterna?. Las tomabas entre las tuyas besando cada milímetro de tersa piel, contemplando la perfecta ingeniería de mis tendones y falanges, la elasticidad y elegancia de movimientos, complacido al rememorar las tibias caricias que regalaban, generosas. En todas las mujeres venideras habrá un momento íntimo de reconocimiento carnal, donde se esfumarán caderas, vientre, senos, y labios, en un desesperado intento de complacencia en los dedos del amor. Ellas huirán despavoridas cuando yo mueva la silla o te muerda el cuello en mi fantasmal visita. Jurarás por los dioses que tu amnesia es incurable. Yo era zurda y te encantaba.

Traigo en mi seno el consejo que no seguirás, la advertencia quemada en el incendio de tu rabia, la solicitud de libertad para el remordimiento secuestrado y la certeza de que en el mar de otros besos te ahogarás, tarde o temprano. Recuéstate durante mil años en la hierba que crece obediente, voltea el anillo desasistido en un último intento de ensartarlo en algo bello, madura en la espalda de una desconocida, y finalmente engendra algo verdadero en honor a lo que vivimos. Voy a morir convertida en estigma. Manos por palomas y un último quejido atrapado bajo mis uñas.

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El corazón opositor

     Amo a esa mujer desde un silencio sepulcral. Suelto amarras en cada cambio de estación, y hago inventario de inconvenientes. Busco sobrevivir a pesar de esta sed devoradora que me hunde en bares y lupanares hasta empadronarme en ellos. He bebido de otras fuentes hasta mojarme los huesos y sentir la artrosis del sentimiento. Ellas, todas las demás, tan presuntuosas y yo tan decepcionado… Tengo un amigo que las trata como plantas de interior; riega sus oídos con estupideces y siembra la semilla dulce de la huida con coartada. Cuando son arrojadas a un taxi, las traigo a casa con argumentos honestos porque ninguna merece amanecer sin motivos para perdonar. Nunca nos enamoramos. Pecamos por omisión.

    Odio a esa mujer porque llegó tarde al umbral de mi ilusión. Mientras detesto su cabello y su giro de cabeza, presiento que soy injusto, y que algo de felicidad perfumada de magnolia aún resta en mis duelos. Cada noche provoco un incendio de recuerdos y yo mismo lo atajo asustado. El molde de sus manos guardo en la vitrina y en cada nueva concubina busco las suyas; más todas son torpes muñones que arañan mis sentidos. Madrugo para esquivar a la mala suerte y corro a poner velas y a pedir limosna junto a los lisiados, pues yo soy el peor de ellos, un excombatiente inútil, un barrendero del lamento de mis labios y el rastro baboso del borracho.

    En uno de estos forcejeos del corazón cometeré una imprudencia y alguien pensará que soy un animal o un enajenado irresponsable. Mientras tanto busco a ese amigo tarado y jamás le hablo de mi ángel, por no contaminar la historia. Jamás hemos creído al otro. Pierdo la paciencia si no caigo pronto en una amable rutina. Espero.

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La araña y la mosca

      8.35 p.m. Austin, una gasolinera entre pueblos fantasmas.

16730384_1375181859206762_7767095383014298992_n¿Sacará alguien a mi perro antes de que olvide mi olor?. Es el pensamiento recurrente de mis últimas dos horas en un duermevela quejumbroso, tras conversar a solas con mi suerte. He sido violada, eso lo sé, siento la suciedad taponando mi libertad. Además me han robado y  tres profundas puñaladas adornan mi ya debilitada piel. Tanto ácido esperando por mi cuerpo, un buen hoyo excavado con cierta premura y dos dientes menos. Huele a hierro y mendicidad. Es la sangre coagulada sobre el recuerdo de los pasos que di hasta llegar al infierno. Me siento observada por una araña y su víctima, pero no harán nada por mí, ni siquiera rematarme o sacarme de la duda. Espera, hablo sola, agonizo tras la puerta de un retrete y aún me considero afortunada por no haber perdido el anillo y las llaves. Me lo advirtió una medium hace quince años y  justo ahora quisiera abrazarla para subir su estima y dejar este frío en otros huesos. Ella me tomó la mano y me previno contra los pelirrojos, las salamanquesas y los tipos demasiado elocuentes. No encuentro el zapato izquierdo, ni motivo para este sábado tan fuera de lo normal. Escucha. Recuerdo que sonó el teléfono y una voz de ultratumba me aseguró que había ganado un premio. No lo conté a casi nadie, quizás a mi perro y al locutor de radio. Alisé las arrugas y fui feliz por dos segundos; después a toda prisa conduje hasta que la suerte se gastó. Nadie da nada a cambio de apenas unos centavos, yo te lo puedo asegurar. Algunos necesitan vomitar sobre un vestido de flores y fornicar de espaldas al beso, como en las viejas películas de serie B. Yo no deseaba el regalo, más bien anhelaba un batido gigante y un revolcón en el asiento de atrás. Un estúpido sueño en plena canícula con un devastador final para la dueña de una enciclopedia y una suscripción a un canal de documentales. La araña se ríe de la mosca y el dueño de esta gasolinera debe estar sordo o drogado o quizás es mala persona y no le preocupa la salubridad de su baño. Por eso mi muerte es deshonesta y huele tan mal. ¿Alguien escuchará el dolor de mi perro?.

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Anoche

       Anoche gritaste. Hace dos disputas que me hice una promesa con las uñas clavadas en la parte del brazo que más te gusta. Blasfemaste más duramente que de costumbre. La almohada está húmeda y caliente. Una mujer obesa sostiene un candil junto a mi cabello desparramado y me recuerda que comulgué con la insatisfacción, cuando aún su cuerpo hacía sombra en mi paraíso de granizo. Amo su puntualidad y detesto su sabiduría.  Ella recuerda de memoria todas mis quejas y  gestos gruñones, la primera decepción, la humillación del viaje compartido con extraños, el olvido de los partos y de las fechas. Pido silencio a mi madre muerta y le señalo tu costado y el ladrillo en mi mano, para alzar un gran muro donde lamentar el triunfo de la juventud sobre la lógica. Anoche destrozaste dos ilusiones y abonaste con tierra diabólica la herida roja y tierna. La mujer que da luz a mi mente, me muestra varios túneles excavados en mi ausencia, vasos comunicantes desde el sí más inocuo hasta la huida más inminente. Eres mi gota malaya, mi vaso rebosado, la cosquilla asesina, el aborto de la semilla desubicada… Soñé el derecho a ser respetada al alba. Tranquila y cargada de razones, te pondría en antecedentes y nos apenaría saber que ya no serías tú en mis brazos, que volverías cinco días después a esquilmar mis posesiones para llevarte algo ajeno y barato, que echarías de menos el perfume y los bailes en el ocaso de mis caderas… Prendiste fuego al bosque con tu oportunidad como antorcha. Justo entonces cesó de llover. 13393898_1042664495818776_3795914941766637695_n

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A altas horas de la madrugada

    Orinas cristales afilados a altas horas de la madrugada. Es una sangre acuosa la que mancha el lienzo, los dedos y el miedo. Buscas una antigua agenda de teléfonos urgentes y de ella salta una lista de ex amantes, ordenada por fechas de inclusión en el club. En el ligero sueño que me nutre, escucho cómo mascullas contra el más reciente en la piel y lejano en la distancia. No me ofendo ni te reconvengo por gastar un cartucho más en su memoria. Muevo la pierna derecha ajustando la temperatura de mi cuerpo a tu ausencia. Quedaba por explorar tu frialdad. ¿Desde cuándo alimentas tus celos en mi nombre?. Pasan dos minutos de la hora en que resuelvo, si merece la pena este desbarajuste de cajones sin alambradas, monólogo sin título, de sexo sin escribano… Has ocupado el sillón con pancartas donde escribes SOCORRO con una caligrafía de infante. Has subido las persianas y encendido las lámparas más festivas con una perversa intención. Ahora tú eres el espectáculo para los insomnes chafarderos, que desean conocer el estado de tus humedades no diagnosticadas. Aquí en la cama, dos gotas de tu sangre muestran lo grotesco que resulta mantenerte con vida en plena guerra. Dudo entre hacerme la dormida, limpiar las pruebas del mal o marcar el número de rellamada y esperar a que me insulten. Deletreo tu nombre y lo adjetivo en mil maneras, algunas agradables te confieso, porque yo te quise más que a mis manos amasando tus redondeces, o a mis piernas trepando hasta tu cintura. Amé tu miembro, el sangrante, el que se hospedó en mi núcleo e intentó lo imposible. No tenemos suerte con las enfermedades en esta casa. Cuando nos vienen largas son sucias, sin embargo las amables apenas rozan las plantas de los pies. Sangras por los cristales de todas aquellas ventanas que me cerraste, por los espejos aniquilados con los dos puños, por la cristalería que no llegó a estrenarse. No es esa agenda la que debo darte aunque no exista solución a altas horas de la despedida.14224896_1187816177948223_7318599668667312151_n

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Los globos sonda

Tu cabeza se abrió como una sandía, roja y gris. Quedó descapotable tu pensamiento y ahí  el tipo encontró la piedra filosofal, la lista de enemigos, unas venganzas sudorosas, aquellas ganas de besar y veinte deudas atrasadas. Poco más pudo apreciar, pues eras un hombre bastante rudo e insípido, una de esas criaturas que hacen una sombra sucia. Podía haber disimulado interés y apretarte el hilo de vida con mis manos, mancharme con tus fluidos y no lavar jamás las huellas; sin embargo me mantuve bajo la cama, dibujando con la sangre paisajes extraños y contando hasta mil, tal y como me ordenó. Contuve el llanto con eficacia para no asustar al perro, pero francamente era parecido al dueño en hambre y entrega. Se me durmió el alma por media hora y creí verte más guapo de perfil, con el pelo tan desordenado, mas fue un espejismo. Nunca lo hicimos en el suelo y ahora tocaba morir en él. Primero tú, amor de mis entrañas, estúpido vasallo… Confundías reiteradamente posesión con propiedad y te lo expliqué millones de veces, con las esposas en una mano y la escritura de la casa en otra. Después se pudrió la parte visceral que retumbaba en las paredes, la melodía cargante del muelle roto y el insulto con la fuerza de un misil. Sonó el teléfono en la cocina, y el aire trajo café en partículas enormes como hermosos globos sonda que quisieran medir el grado de pánico. El sicario tenía gustos refinados, dejó un perfume sobre mis muñecas y  gastaba un tono de honradez en la voz. Porque tu cabeza roja y gris no crujió por su gusto. Se entristeció por ti y por los libros que nunca leerías, se le notaba afectado por las nubes de primavera y dudó mucho entre el machete o el hacha. Un buen hombre dentro de un trabajo confuso. Ya no queda sangre para dibujar y se me acaban los números. Yo que adoré las sandías por razones insospechadas, en una juventud que se doblegaba atónita ante los domingos de museo de cera y mohines, debí aprender artes marciales, pero en su lugar me enamoré.11008092_886524008080337_365474152757723387_n

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Vamos a subir al árbol

   Me han prohibido fumar tu aliento a escondidas; me sabes a menta y  yodo. No tengo razones para negarme pues moriré azul, cuando la luna mengüe las oportunidades de apretar el paso tras tus tobillos.

   La pequeña maleta de hospital tiene escrito mi nombre de soltera en una ridícula cartulina. Soñé que me casaría alta y orgullosa, al margen de cumplidos y culebrones. Deseé que fuera contigo, maduro e impaciente, pero debo reconocer que un antiguo novio de “vamos a subir al árbol” me insinuó paraísos perdidos veinte días antes y dudé mucho, en voz baja, con lágrimas flotantes sobre mi cuello maquillado. Robó tres tardes de metro y una visita al museo. El beso lo regalé con lazo y perfume de flores blancas. No rozó apenas el recuerdo de mi falda tan corta, esbozó una sonrisa intentado bocetar otro nuevo, uno de “no pienso dejarte marchar” y pagó absolutamente todos los desperfectos. Cuando pasé frente a un escaparate, era hermosa. Me lo notaron en casa al tocar el timbre. Todos agazapados bajo su sexto sentido, pusieron la camisa de fuerza sobre estos brazos tozudos y abrieron mis párpados con tu foto delante durante diez horribles minutos. No siente pudor el que no sabe, así que los perdoné como si fuera Dios. Te hacen sentir sucia aunque no puedas doblar el codo en ángulo muerto, y la idea de subir a un olmo atraviese como una lanza la cuarta costilla astillada. Resucité entre alaridos y un cuerpo amoratado que ya ni poseía. Describí el color del infierno. Te enviamos a la guerra, a tu Vietnam y tu ruleta rusa. Soñé que te olvidaría en tres semanas si la luna crecía y mis mejillas volvían a tomar su color. Han reconocido la verdad de puntillas, siento los pulmones llenos de tu furia y las lagunas anegadas de fango y cadáveres abandonados. Tengo un nombre de soltera y una corte de plañideras. Mis yemas no alcanzan a descifrar aún el jeroglífico que grabaste con un buril …FB_IMG_1430292976300

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L’ enfant terrible

Un hígado cirrótico y trescientas páginas de suposiciones sobre qué esconden las mujeres tras una negativa. Una parte de tu sueño está cumplido cuando precisas un trasplante urgente, de puerta a puerta, digno de un alcohólico empeñado en que se sepa. Tú, niño terrible, metes mano a las sensaciones ajenas mientras recoges las sobras bajo la mesa, mas no sabes suspirar. Sueñas sin potencia, a escasos centímetros de la vulgaridad y sin embargo escribes pavoneándote de que puedes barajar las palabras y aún así convencer. Los lectores no fingen sin una buena razón. Tampoco te fiarán a cambio de un futuro incierto; puertas cerradas con condescendencia, esas son las que atraviesas con la soberbia y el desequilibrio. Litros de absenta en mala compañía y un verso bello en la punta de la lengua. El folio se torna azabache mientras otra parte de tu cuerpo comienza la cuenta atrás. Por fin se oxida el veneno, y la penumbra golpea tu razón contra la obra de Dios. Quizás mueras tan maldito como un aciago día deseaste acabar, colgado de una lámpara o atropellado en una autovía recién apisonada. Pudiera ocurrir que te curaras del espanto y parieras una criatura digna de ser recordada. Tu corazón se dispara en tantas direcciones como signos de puntuación ignoras… Ha amanecido sobre la espalda de la única mujer que sería perfecta para ti y sin embargo no recuerdas la maldita contraseña para mirar bajo su sí. El verso hermoso acaba de manchar tu copa. Si sirve de alivio para tu pena, compraré con efectivo todas las tardes que te restan. En silencio sé que mentirás.14212091_518935584966413_6519975438493991751_n

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Tu gravedad

¿Has saboreado un instante sin labios?. Me explico, amor. ¿Has mirado un paisaje con las pupilas hacia dentro?. Yo respiro dulce cuando lo venidero roza la punta de mis dedos y confunde mi ayer con tu mañana. Tengo mis maletas dentro del corazón de este viaje, que no entiende de discusiones, martirios o roturas de promesas. Escribí anoche un hermoso monólogo para sellar el abrazo con lacre y lo recité de memoria; ahora debería bailarlo desnuda mientras me detienen por sincera. Pesan los minutos como horas, huelen los silencios a naftalina, nos observan los dueños de las baldosas que pisamos y crujen de impaciencia los palillos en sus bocas obscenas. No puedo tirar más de la falda, no queda más decencia. A nuestros pies hay un charco lastimoso que se comunica con el de unos novios noruegos que se engañan cada tres meses. Pronuncio las vocales a la perfección por presumir de que sé hacer las cosas bien, pero las consonantes me dan un aire extranjero, de mujer fatal, de fumadora en pipa y eso lo hace todo más agrio. No eres tú, es el traje encogido y la tozudez de la modista, es la bronca con el perro, la crisis en nuestra cama, la guerra fría dividida en capítulos… Me voy, garganta abajo, con el don de estropear lo puro, con la nostalgia no digerida. Qué hermoso era cuando deseaba una voz al otro lado del teléfono y sonaba tu gravedad.11667406_1420227721640361_5758765244833008185_n

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