Alianzas

FB_IMG_1428355848929La amazona sostiene el trofeo mientras calcula la duración del luto por la muerte del esposo. Ésta fue encargada bajo garantía de resultado. En ninguno de los rostros de sus admiradores se masca la tragedia y la algarabía retrasada es una señal; además el  muchacho de las caballerizas parece un ser esquivo acodado en la valla, un golfo reconvertido, un cazador de fortunas con memoria. La mira como si compartieran un motivo secreto, hasta parpadean al unísono… Lo tienen, se trata de un as bajo la manga.

      En la conversación mantenida con un religioso costarricense dos meses atrás, sufrió lapsus de arrepentimiento inoportunos a todas luces. Debió frotar las manos bruscamente al entregar su donativo y extravió la alianza de casada; le quedó grande en la primera puesta y era de esperar el arreglo de la joya, mas el interés por ello se diluyó en pesquisas y averiguaciones sobre artistas extranjeros, que introdujeran exotismo en el detalle. Ardua tarea la de convencer a un tozudo de la sensatez del orfebre, cuando éste pedía tiempo y expectativas reales sobre el trabajo especificado. No se trataba sólo de achicar la talla sino de distinguir la joya de la multitud de anillos que ella despreciaba en las comparativas. Se retiró el encargo de forma muy poco ortodoxa, sin posterior rectificación ni vuelta a las conversaciones. El monstruo despertó de una docilidad mal entendida; para su desgracia y la del séquito que solía beber de sus fuentes, la costumbre de hacer enemigos no le pareció tediosa sino un perfecto circuito donde probar la audacia de cada uno de los retos. Dispusieron vigilancia en las cuadras y contrataron personal de confianza para los traslados de los animales, pues una vez magnificada la fama de dictador, el ataque a lo más querido parecía inminente. Fueron amigos los primeros en notar las consecuencias en el trato y se apartaron. Más tarde artistas, confesores, profesores de equitación y su propio hermano palidecieron ante ciertas amenazas y cruzaron la frontera. La tolerancia al dolor era baja por aquellos lares y los verdugos lo sabían.

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Acerca de losasesinatosdepeterpan

Siempre espero que el lector reconozca el límite entre el autor y su obra. Jamás creas todo lo que lees, escuchas o imaginas. Ante la aparición de una duda conecta con la respuesta más sencilla, y si no te llena, cuestiona.
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